-¿Te has vuelto loca Luci?, sabes que
ni si quiera me hablo con ella. Lo siento, pero no quiero ir.
-¡Por favor Niall! Además es mi
cumpleaños y te divertiras conmigo, será una gran fiesta, no me
dejes sola, además también van los chicos y no puede faltar mi
mejor amigo.
Como siempre, Luci acabó
convenciendome. El resto del día tranacurrió tranquilo en la
universidad, cuando la mañana acabó, fui a la taquilla cogí los
libros que solté y emprendí camino hacia mi casa.
La fiesta comenzaba a las 8, pero le
dije a Luci que iría a por ella a las 7:30 a su casa.
No se por que, pero tengo el
presentimiento de que algo pasará esta noche, y no precisamente algo
bueno.
Iba caminando observando mis pies,
cuando me quise dar cuenta me encontraba enfrente de la pequeña
puerta de rejas de mi casa, anduve por el camino de baldosas, subí
las escaleras del porche, y abrí la puerta, entré colgué mi abrigo
en el perchero, tiré la mochila al suelo y me sente en el sofá.
Encendí la tele, pero no había nada
interesante, decidí subir a mi habitación.
Subí las escaleras de mi casa las
cuales llevaban al segundo piso de esta, llegué a la segunda planta
y entré en mi habitación.
Era de un tamaño grande, pues como
vivo solo, decidí unir dos habitaciones, en la pared que se
encontraba justo enfrente de la puerta había una gran puerta de
cristal la cual dejaba entrar a un balcón desde el que se podía ver
toda la ciudad de Mullingar, la pared en la que se encontraba la cama
era azul, con dos tonalidades, azul cian y azul marino, tenía una
cama grande, cubierta por una colcha también de tonos azules y con
cojines blancos, el resto de las paredes eran blancas, y gracias a
ello la habitación parecia muy luminosa y más grande de lo que ya
era, en la pared que se encontraba al lado opuesto de la cama tenia
un escritorio y al lado un armario, también se encontraba la puerta
que daba al baño de mi habitación.
Caminé hasta el ropero para elegir la
ropa que me pondría para la fiesta, abrí el armario de color gris
platino, iba desplazando las perchas cuando me encontré en una
esquina de aquel armario el último regalo de mi abuela, una
guitarra.
La cogí y la abrí, la última vez que
la toqué fué un día hace ya 2 años, en el que mi abuela me llevó
a pasear por un campo. Dejé de tocarla, porque a los 4 días después
ella murió.
-Me había olvidado por completo de
ella.- dije en voz alta, meintras pensaba en el tiempo que había
pasado y ni si quiera me acordaba que tenía una guitarra.
Abrí la funda en la que estaba
guardada y la saqué con mi mano empecé a pasarla por ella
intentando quitarle un poco el polvo, que aun que estuviera guardada
no había servido de mucho.
Cuando estuvo un poco mas limpia la
volví a coger y empecé a tocar.
Me costó un poco de trabajo, pues
hacía bastante que no tocaba, pero poco a poco me fuí acordando de
como se hacía. Mientras tocaba me acordé de aquel día con mi
abuela, en aquel campo de un pasto verde claro, cubierto por un manto
de margaritas, ella se veía tan contenta, y tuvo que irse tan
pronto.
Sentí como mis lágrimas hinundaban
mis ojos, la hechaba tanto de menos.
Dejé de tocar, dejé la guitarra a un
lado y me tumbé en mi cama, entuve un rato obeservando el techo de
mi habitación sin ningún pensamiento fijo en mi mente.
Giré mi cuerpo y observe el reloj que
se encontraba en la pequeña mesita que había al lado de mi cama,
marcaba las 6:45, tendría que darme prisa o no llegaría a tiempo.
Entré en el baño, me duché y me
vestí. Cuando estuve listo cogí las llaves de mi coche y fuí a
buscar a Lucí, eran ya las 7:20.
Llegué a la casa de mi amiga, hice
sonar la bocina del coche para que saliera, y así hizo.
Iba con un vestido rojo largo, unos
tacones dorados, llevaba una cola de caballo se veía realmente bien,
seguro que destacaría mucho esta noche y se lo pasaría muy bien, o
eso pienso, por que el presentimiento de que algo pasaría esta noche
aún lo tenía presente.