sábado, 30 de noviembre de 2013

Capítulo 2.




-¿Te has vuelto loca Luci?, sabes que ni si quiera me hablo con ella. Lo siento, pero no quiero ir.

-¡Por favor Niall! Además es mi cumpleaños y te divertiras conmigo, será una gran fiesta, no me dejes sola, además también van los chicos y no puede faltar mi mejor amigo.

Como siempre, Luci acabó convenciendome. El resto del día tranacurrió tranquilo en la universidad, cuando la mañana acabó, fui a la taquilla cogí los libros que solté y emprendí camino hacia mi casa.
La fiesta comenzaba a las 8, pero le dije a Luci que iría a por ella a las 7:30 a su casa.
No se por que, pero tengo el presentimiento de que algo pasará esta noche, y no precisamente algo bueno.
Iba caminando observando mis pies, cuando me quise dar cuenta me encontraba enfrente de la pequeña puerta de rejas de mi casa, anduve por el camino de baldosas, subí las escaleras del porche, y abrí la puerta, entré colgué mi abrigo en el perchero, tiré la mochila al suelo y me sente en el sofá.
Encendí la tele, pero no había nada interesante, decidí subir a mi habitación.
Subí las escaleras de mi casa las cuales llevaban al segundo piso de esta, llegué a la segunda planta y entré en mi habitación.
Era de un tamaño grande, pues como vivo solo, decidí unir dos habitaciones, en la pared que se encontraba justo enfrente de la puerta había una gran puerta de cristal la cual dejaba entrar a un balcón desde el que se podía ver toda la ciudad de Mullingar, la pared en la que se encontraba la cama era azul, con dos tonalidades, azul cian y azul marino, tenía una cama grande, cubierta por una colcha también de tonos azules y con cojines blancos, el resto de las paredes eran blancas, y gracias a ello la habitación parecia muy luminosa y más grande de lo que ya era, en la pared que se encontraba al lado opuesto de la cama tenia un escritorio y al lado un armario, también se encontraba la puerta que daba al baño de mi habitación.
Caminé hasta el ropero para elegir la ropa que me pondría para la fiesta, abrí el armario de color gris platino, iba desplazando las perchas cuando me encontré en una esquina de aquel armario el último regalo de mi abuela, una guitarra.
La cogí y la abrí, la última vez que la toqué fué un día hace ya 2 años, en el que mi abuela me llevó a pasear por un campo. Dejé de tocarla, porque a los 4 días después ella murió.

-Me había olvidado por completo de ella.- dije en voz alta, meintras pensaba en el tiempo que había pasado y ni si quiera me acordaba que tenía una guitarra.
Abrí la funda en la que estaba guardada y la saqué con mi mano empecé a pasarla por ella intentando quitarle un poco el polvo, que aun que estuviera guardada no había servido de mucho.
Cuando estuvo un poco mas limpia la volví a coger y empecé a tocar.
Me costó un poco de trabajo, pues hacía bastante que no tocaba, pero poco a poco me fuí acordando de como se hacía. Mientras tocaba me acordé de aquel día con mi abuela, en aquel campo de un pasto verde claro, cubierto por un manto de margaritas, ella se veía tan contenta, y tuvo que irse tan pronto.
Sentí como mis lágrimas hinundaban mis ojos, la hechaba tanto de menos.
Dejé de tocar, dejé la guitarra a un lado y me tumbé en mi cama, entuve un rato obeservando el techo de mi habitación sin ningún pensamiento fijo en mi mente.
Giré mi cuerpo y observe el reloj que se encontraba en la pequeña mesita que había al lado de mi cama, marcaba las 6:45, tendría que darme prisa o no llegaría a tiempo.
Entré en el baño, me duché y me vestí. Cuando estuve listo cogí las llaves de mi coche y fuí a buscar a Lucí, eran ya las 7:20.
Llegué a la casa de mi amiga, hice sonar la bocina del coche para que saliera, y así hizo.
Iba con un vestido rojo largo, unos tacones dorados, llevaba una cola de caballo se veía realmente bien, seguro que destacaría mucho esta noche y se lo pasaría muy bien, o eso pienso, por que el presentimiento de que algo pasaría esta noche aún lo tenía presente.

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